Entre el 24 y el 28 de junio de 2025, la ciudad de Montevideo fue sede de una semana histórica para la medicina familiar y comunitaria en Iberoamérica. Se desarrollaron en forma consecutiva la IX Cumbre de la Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar (CIMF) y el Congreso Subregional del CONOSUR, convocando a representantes institucionales, autoridades sanitarias, médicas y médicos de familia, residentes, investigadoras, docentes y líderes comunitarios de múltiples países de la región.
La Cumbre CIMF, de carácter técnico-político, fue el resultado de un proceso de trabajo colaborativo sostenido durante más de seis meses. A través de grupos integrados por representantes de todos los países miembros de la Confederación, se abordaron de forma participativa tres ejes estratégicos: las competencias esenciales para el ejercicio de la medicina familiar en el siglo XXI, el rol de la tecnología en la atención centrada en las personas, y la sistematización de experiencias comunitarias exitosas que fortalecen la práctica territorial. Esta instancia presencial permitió consolidar los consensos alcanzados y redactar la Carta de Montevideo, documento que resume las principales propuestas, recomendaciones y lineamientos acordados. La adhesión de las autoridades sanitarias del Ministerio de Salud Pública de Uruguay otorgó legitimidad institucional al documento y refuerza su potencial para incidir en políticas públicas a nivel regional y nacional.
A continuación, el Congreso Subregional del CONOSUR desplegó un programa académico y formativo vibrante, que incluyó mesas temáticas, talleres, presentaciones científicas y espacios de reflexión colectiva. Los ejes abordados fueron diversos y profundamente relevantes: la transición hacia modelos de formación basados en actividades profesionales confiables (EPAs), la desimplementación de prácticas de bajo valor, los abordajes territoriales en salud mental, el enfoque de género y derechos, la participación comunitaria, y las tensiones entre medicina basada en evidencia, sostenibilidad y decisiones clínicas contextualizadas.
La delegación argentina tuvo una participación activa y plural, con colegas de diferentes regiones del país —incluidos residentes, docentes universitarios y referentes institucionales— que contribuyeron en presentaciones, talleres y espacios de articulación intersocietaria. Esta presencia federal reflejó no sólo la vitalidad del movimiento de medicina familiar en Argentina, sino también su vocación regionalista y su disposición al aprendizaje compartido.
Entre los momentos más significativos del Congreso, se destaca la mesa intergeneracional, en la que referentes históricos y médicos/as jóvenes dialogaron sobre el pasado, presente y futuro de nuestra disciplina.
También fueron especialmente relevantes los espacios de trabajo colaborativo sobre estrategias formativas, el rol de la medicina familiar en políticas públicas, y la necesidad de generar conocimiento contextualizado desde los territorios.
Desde la FAMFyG, consideramos que la articulación entre la Cumbre y el Congreso fue un punto de inflexión: la primera aportó lineamientos técnicos y políticos; el segundo mostró la potencia del saber en acción. Juntos, funcionaron como dispositivos de consolidación de una agenda común para fortalecer sistemas de salud centrados en las personas, integrados, justos y sostenibles.
Montevideo 2025 no fue solo un evento exitoso. Fue una expresión del compromiso de nuestra comunidad profesional con la transformación de los sistemas sanitarios en América Latina. Que la Carta de Montevideo no quede archivada. Que el Congreso del CONOSUR no se diluya en la memoria. Que ambos sean faro y motor para las acciones que nos esperan.