Editorial

La complejidad e incertidumbre de un año que no esperábamos

Llegamos a este segundo número de este 2020. Y sólo con nombrar el año, la intensidad de vivencias relacionadas a la pandemia nos inunda el pensamiento. Pensamos, incluso, escribir esta editorial desde algún otro enfoque. No pudimos. Parece imposible escapar de esta nueva normalidad, que de normal tiene muy poco. Podemos, sin embargo, expresar algunas ideas que sean fuente de cuestionamiento para quienes nos leen y para quienes escribimos sobre la salud.

¿Sistemas de salud o campo de la salud?

Regularmente aparece esta tensión en las discusiones académicas. Se ha propuesto que las medidas más radicales al inicio de la pandemia pusieron el foco en cuestiones relacionadas al sistema sanitario, particularmente centrado en el fortalecimiento del segundo y tercer nivel de atención. Pero rápidamente la necesidad de valorizar aún más el trabajo en el primer nivel de atención se impuso en las discusiones y encuentros de equipos de salud del primer nivel de atención. Y no sólo el sector salud. La organización y la gestión de la pandemia movilizó otros actores sociales. La red territorial que sostiene cuidados básicos de la sociedad, particularmente en sectores más vulnerables, cobró otra importancia. Las fuerzas de seguridad, el personal de servicios de limpieza, el colectivo docente, las organizaciones sociales, los voluntariados, las referentes de merenderos. Es larga la lista de los llamados trabajadores esenciales. ¿Seremos capaces de sostener esos vínculos para trabajar otros problemas de salud? ¿Los equipos del primer nivel de atención podremos tomar aprendizajes de la actividad que está teniendo hoy el campo de la salud?

¿Es la vacuna la solución final?

Así como no podemos adjudicar la pandemia sólo a la existencia de un nuevo coronavirus, tampoco podremos declarar el fin del problema con la llegada de una vacuna. Sin embargo, el anuncio de algunas soluciones farmacológicas ha generado gran expectativa. A pesar de ella, y del protagonismo que toma el tema en casi todos los medios de comunicación, vale aclarar que todavía no es posible un análisis serio, calmo y prudente desde el punto de vista científico, ya que necesitamos resultados finales de Fase 3 para recién entonces analizar su seguridad y eficacia, y ver su efectividad.

También queremos recuperar, otra vez, al sanitarista argentino Ramón Carrillo: “los microbios, como causas de la enfermedad, son unas pobres causas”. Hace años que la OMS viene advirtiendo sobre el riesgo de las enfermedades emergentes, con posibilidad de convertirse en pandemia. Los sistemas productivos dominantes, la mercantilización de los servicios de salud, la relación de la humanidad con el entorno natural y el debilitamiento del sistema inmunológico a causa de los modos de vivir, son las causas más fuertes que nos desafían a pensar en soluciones más de fondo. Deseamos que la vacuna traiga soluciones en el sentido de su capacidad de generar inmunidad suficiente contra el virus. La solución al problema social que encarna la pandemia es una tarea que no termina con una sola dosis.

Ante la pandemia….¿Protocolos de atención o modelos de atención?

Los Determinantes Sociales de la Salud, las condiciones de vida (mucho más que los estilos), y la Ley de Cuidados Inversos en Salud se están haciendo evidentes y dolorosamente tangibles más que nunca en el desarrollo de la pandemia, y sus demoledoras estadísticas.

Un reconocido sanitarista argentino sostenía en sus clases que “la norma no es norma hasta que no se hace cultura” (sic). Las nuevas medidas para salir del confinamiento y empezar a vivir plenamente la “nueva normalidad” no pueden seguir centrándose en culpabilizar las conductas individuales, apelando al miedo y/o al castigo. Más que riesgo, los efectos de la pandemia se descifran en clave de vulnerabilidad. Quizás debamos potenciar un discurso hacia una “gestión del riesgo de contagio” reforzarndo responsabilidades colectivas, reformulando y adecuando las políticas sanitarias al contexto cotidiano y a las amenzas del futuro, buscando el entendimiento y asimilación cultural de las medidas de prevención que debemos seguir manteniendo con responsabilidad individual y de forma solidaria. Y junto a ello reforzar las acciones respecto a los grupos más vulnerables.

Estando próximos al final del año, el horizonte que se vislumbra es complejo: una pandemia que muestra rebrotes en muchos países, consecuencias clínicas de la postergación de la atención de diferentes patologías, equipos de salud fatigados por el trabajo intenso desde hace meses, severas consecuencias sociales, educativas y económicas del confinamiento, y la amenaza de las enfermedades del verano en Latinoamérica (particularmente el dengue).

Como dijimos en Mayo pasado “somos los primeros en entrar y los últimos en salir”; por eso esperamos que cada uno de los integrantes de los equipos de salud del primer nivel de atención no baje los brazos sino que capitalice las vivencias de esta pandemia para que el día después nos encuentre más sabios, resilientes, y orgullosos de haber transitado este camino siendo parte de un grupo de trabajo que estuvo a la altura de las circunstancias, acompañándose y acompañando a nuestras comunidades.

Equipo Editorial.

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